
A cinco años de su partida: cuando Maradona vivió una jornada inolvidable en Los Cardales
Hace más de 20 años, Diego Maradona pasó un día mágico en Los Cardales junto al golfista José Cóceres, vecinos y familias que compartieron con él risas, picado y anécdotas imborrables.
Ayer se cumplieron cinco años de la muerte de Diego Armando Maradona, el ídolo máximo del deporte argentino. En este aniversario, Los Cardales recuerda una de sus postales más increíbles: la jornada en la que el Diez compartió un día entero con vecinos, amigos y familias de la localidad.
Era la mañana del 8 de abril de 2004 cuando Diego llegó al Pilar Golf Club para disputar un match informal con José Cóceres, uno de los golfistas más destacados del país y vecino cardalero. Diego arribó solo, en su camioneta, lejos de los flashes y multitudes que solían acompañarlo. Ese día, por primera vez en mucho tiempo, respiró calma.

Los primeros minutos fueron de distancia y silencio. Maradona caminaba la cancha, cerraba los ojos, buscaba el sol y reconocía cada rincón del lugar. Un puñado de minutos bastó para que el clima cambiara: risas, chistes y un partido de golf que se volvió inolvidable. Diego, competitivo como siempre, jugó los 18 hoyos con maestría, aceptó desafíos de Cóceres y hasta recibió de regalo un drive tras ejecutar un golpe perfecto.
Al mediodía, comenzó la segunda parte de la historia: el asado en Los Cardales. Rodeado de vecinos, amigos de Cóceres y familias de la zona, Diego se sentó a comer, puso apodos, hizo bromas y se interesó en la vida de cada uno. Aquella mesa se transformó en un pequeño universo donde el Diez era uno más.
Entre risas, Diego terminó arrojando a la pileta al asador, Carlitos, en complicidad con todos. Más tarde, una pelota comenzó a rodar en el jardín y Maradona volvió a ser Maradona: trucos, jueguitos, magia pura frente a chicos y grandes. Armó una ronda, alentó a los más jóvenes, recordó nombres y abrió la puerta a un momento que ningún presente olvidaría.

Con el correr de las horas, la noticia empezó a circular en la zona. Más de dos mil personas de Los Cardales, Campana y Escobar rodearon la quinta. A pedido de Diego, se abrieron las puertas y entraron familias enteras a saludarlo, abrazarlo y emocionarse frente a él. Firmó camisetas, recibió afecto incesante y pidió, de vez en cuando, un respiro para recuperar energías.
Ya más tranquilo, se sentó al borde de la pileta y habló sobre su vida, los sacrificios de su carrera, el amor por Doña Tota y Don Diego, sus errores, las promesas del fútbol y su paso por Nápoli. “Siempre fui yo el que ponía la cara”, recordó.

Al caer la tarde, cuando el sol empezaba a bajar, llegó el momento del brindis. José Cóceres quiso abrir una botella de champagne ganada en un torneo internacional. Diego, humilde como tantas veces, le pidió que no la abriera “solo por él”. La botella igual se abrió y el brindis emocionó a todos. Diego abrazó uno por uno, recordó sus nombres y se despidió entre lágrimas y sonrisas.

Minutos después, se subió a su camioneta, saludó con la mano y se perdió sobre la Ruta 6, dejando en Los Cardales una de esas historias que la comunidad jamás olvidará.
Cinco años después de su partida, ese día vuelve a cobrar vida. Porque en Los Cardales, hubo una tarde en la que Diego fue vecino, amigo, compañero de picado y protagonista de un recuerdo imborrable.
Un día en el que el Diez fue, simplemente, uno más.