
A 18 AÑOS DEL CRIMEN DE ROSANA GALLIANO EN EL REMANSO: LA LLAMADA TRAMPA Y UN ASESINO SIN ROSTRO
Se cumplen 18 años del femicidio que sacudió a Exaltación de la Cruz. Si bien José Arce y su madre fueron condenados como instigadores, la Justicia nunca pudo determinar quién apretó el gatillo.
El 16 de enero de 2008, la tranquilidad del barrio El Remanso, en Exaltación de la Cruz, se rompió para siempre. Esa noche, el calor no daba tregua cuando la vida de Rosana Galliano se apagó violentamente. Tenía 29 años y dos hijos pequeños cuando fue asesinada a balazos en la puerta de su casa.

Lo que al principio se barajó como un hecho de inseguridad, rápidamente destapó una trama macabra planificada por su exmarido, José Arce, y su exsuegra, Elsa Aguilar.

La emboscada fatal Aquella noche, a las 22:15, Arce llamó a Rosana con la excusa de que uno de sus hijos tenía fiebre. "Mirá, el nene está con 39 grados", le dijo. Él sabía perfectamente que en la casa de El Remanso la señal de celular era mala y que ella tendría que salir al jardín para hablar.
Esa llamada fue la sentencia de muerte. Al salir, Rosana recibió cuatro disparos de un arma calibre 11.25 ejecutados por sicarios. Su hermana, Mónica Galliano, fue testigo del horror: "Corrí a la puerta, le estaban disparando y la violencia de los proyectiles hizo que cayera dentro de la casa", relató años atrás.
Condenas y cuentas pendientes El juicio, que culminó en noviembre de 2013, sentenció a Arce y a su madre a prisión perpetua por homicidio triplemente calificado. El móvil fue económico: una disputa por bienes valuados en 700 mil dólares.

Sin embargo, a 18 años del crimen, persiste una deuda: nunca se supo quién ejecutó los disparos. Los hermanos Leguizamón, acusados de ser los sicarios, fueron absueltos por falta de pruebas.

Tanto Arce (fallecido en 2018) como su madre (fallecida en 2019) murieron cumpliendo prisión domiciliaria en la misma casa donde ocurrió el crimen, conviviendo con los hijos de la víctima hasta el final de sus días. Hoy, la familia Galliano sigue recordando a Rosana y marcando que, aunque hubo condenas, una parte de la historia sigue impune.